En profundidad / AnálisisAIxploit

Parecían personas reales. En muchos perfiles respondía una IA.

Una red de aplicaciones mezclaba perfiles de IA sin identificar como tales con personas a las que pagaba por conversar. Los usuarios podían comprar monedas para seguir hablando sin saber quién —o qué— respondía.

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El investigador de seguridad Matthew Gore-Kormanik recibió una llamada a través de Doni, una aplicación de citas, y contestó. Después, su match le escribió como si la llamada hubiera salido de él, aunque Doni la había mostrado como entrante. Gore-Kormanik relató la contradicción a The Verge. ¿Quién había llamado a quién? En estas aplicaciones, continuar la conversación podía costar dinero.

La extraña llamada formaba parte de un sistema mayor. En una red investigada por Anthropic, muchos perfiles eran inventados y Claude generaba sus mensajes. Los operadores ordenaban a los personajes de IA que esquivaran las peticiones de fotos o videollamadas y condujeran las conversaciones por una secuencia prevista. En la misma lista aparecían perfiles atendidos por trabajadores, que podían encargarse de llamadas en directo o seguir a usuarios en redes sociales.

Según Anthropic, la red incluía más de 20 aplicaciones. Durante dos semanas de abril de 2026, la empresa observó más de 4.700 personajes de IA que intercambiaron unos 2,36 millones de mensajes con al menos 25.000 personas. En la selección de perfiles examinada había aproximadamente tres personajes de IA por cada trabajador. La cifra de 25.000 cuenta a quienes conversaron, no a personas de las que conste un pago.

Cuando contestaba una persona

Esos trabajadores podían atender una llamada en directo o seguir a alguien en redes sociales. Anthropic afirma que otro modelo les proponía respuestas breves entre las que elegir. Una interacción podía incluir a una persona real sin revelar quién estaba detrás de los demás perfiles.

La operación no necesitaba que la IA imitara cada aspecto de una persona. Las conversaciones automáticas convivían con videollamadas reales y contactos en redes sociales. Los informes documentan esa combinación en el conjunto de la red. No describen, sin embargo, un chat concreto en el que un trabajador sustituyera a la IA.

Los sistemas de las aplicaciones generaban otras señales de aparente interés. Según Anthropic, producían «me gusta» y visitas a perfiles, y reproducían vídeos pregrabados cuando no había ninguna persona disponible. También registraban a los usuarios que parecían sospechar que hablaban con un bot: producían señales de interés mientras vigilaban las señales de desconfianza.

En la investigación de The Verge, Gore-Kormanik examinó varias aplicaciones para Android. Encontró código compartido y sistemas conectados entre Doni, Dora, Jovia, Kira, Nalo y Romi. Doni incluía además un manual interno con procedimientos de trabajo, entre ellos formas de atraer a los usuarios a llamadas. The Verge no pudo confirmar de manera independiente todos los hallazgos de Anthropic, pero su examen mostró que varias de las aplicaciones estaban vinculadas técnicamente.

Pagar para seguir hablando

El cobro estaba integrado en las aplicaciones. Según Anthropic, los matches y los mensajes consumían una cuota; los usuarios podían comprar monedas para continuar. The Verge también examinó el proceso de pago. Seguir conversando era ya el servicio de pago.

Pagar por hablar con un personaje de IA puede ser una elección consciente si el servicio explica qué ofrece. Estas aplicaciones no decían que muchos perfiles fueran automáticos. Alguien que esperaba conocer a otra persona podía gastar monedas en mensajes dirigidos a un personaje de IA. El servicio controlaba quién, o qué, respondía.

Claude generaba muchas de las respuestas. Fueron personas quienes diseñaron las aplicaciones, fijaron las reglas de pago y ordenaron a los personajes de IA que ocultaran su automatización. Anthropic sostiene que el modelo no podía ver el negocio completo desde una sola conversación. El engaño no nació de una respuesta espontánea del modelo: estaba incorporado al servicio.

No hay una cifra comprobada de cuánto gastaron o perdieron los usuarios. Anthropic asegura que bloqueó las cuentas vinculadas a la operación y compartió sus conclusiones con tiendas de aplicaciones y otros proveedores de IA. Las fichas de algunas aplicaciones desaparecieron después, aunque no están claros los motivos de cada retirada ni la situación del conjunto de la red.

Los usuarios podían ver que continuar la conversación podía costar monedas. No podían ver quién respondía.

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